Controlar tus emociones: La incertidumbre


Para terminar con nuestra revisión de la inteligencia emocional (tras la ira y la alegría) optamos por una emoción mucho menos “visible” una emoción que de la mano de la crisis se ha instalado en miles de puesto de trabajo de nuestro país. Hablamos de la incertidumbre, el no saber qué pasará mañana.

La incertidumbre (que está muy ligada al miedo) es una emoción silenciosa. Una emoción que no se va a demostrar con gritos o una gran sonrisa, una emoción que por ello podemos pensar que nos influye de manera menos directa, pero sí lo hace. Tenemos que ser conscientes de hasta qué punto desconocer lo que vendrá afecta a nuestro día a día.

La incertidumbre es como una gota que va golpeando, poco a poco, nuestro estado de ánimo. La percibimos en el clima de nuestra empresa, en las noticias, en comentarios de los compañeros… la incertidumbre nos hace ser paranoicos, temerosos, poco decididos y demasiado conservadores.

Es, por lo general, un elemento muy desmotivador. El trabajador que tiene dudas sobre su futuro baja su rendimiento de manera inmediata. ¿Cómo podemos controlarlo? Los estímulos son tantos y por tantos medios que lo más difícil es ser realmente consciente de que estás desmotivado. Una vez eres consciente de ello tienes que intentar ceñirte a los hechos. ¿Qué está pasando realmente? ¿cuales son los datos? ¿Se corresponde el clima de miedo de mi oficina a una realidad basada en probabilidades?

En caso de que así sea tenemos que ver que la incertidumbre puede también darnos un impulso. Puede sacarnos de nuestra zona de confort, de seguridad. Debemos evitar paralizarnos con el pánico que conlleva la incertidumbre y usarlo de estímulo para avanzar más rápido de lo que lo estábamos haciendo.

Con respecto a las relaciones personales en nuestro trabajo tenemos que saber que la incertidumbre nos hace ser desconfiados, puede llegar a sacar nuestro competidor más desleal. En definitiva, tenemos que tomar la incertidumbre como el resto de emociones, un sentimiento que nos puede llegar a doblegar si no estamos atentos pero con la dificultad añadida de que en este caso es una emoción más difícil de identificar y con efectos a largo plazo.


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