360 Talent realiza el retrato robot del perfil directivo que necesitan las empresas actuales


La mayoría de los manuales de gestión, seguidos hasta hoy por muchos profesionales para dirigir con éxito todo tipo de negocios, han dejado de tener vigencia en la actualidad. La palabra clave es transformación. Los profesionales se ven obligados a ser más flexibles y las habilidades directivas para gestionar equipos de alto rendimiento evolucionan. Por ello, las empresas necesitan ajustar su cultura corporativa y, para ello, es necesario que sean capaces de adaptarse a las nuevas demandas del mercado.

«El directivo de hoy es capaz de identificar con rapidez y precisión cada oportunidad de negocio que se le presenta; va un paso por delante de las exigencias de un mercado muy competitivo y versátil», asegura Albino Rico, socio de 360 Talent. «Existen nuevos roles y normas que cualquier directivo debería dominar», añade. Estas normas se aplican a las distintas dimensiones que forman parte de las competencias directivas.

La mayor parte de la información ya no pertenece exclusivamente a la alta dirección. Con las nuevas tecnologías y la gestión del big data, casi todas las áreas de las empresa comparten los mismos datos, siendo la transparencia uno de los valores más importantes en una cultura empresarial actual y competitiva. «La transparencia es uno de los principios que más contribuyen a crear un equipo de trabajo fuerte. Con ella, se favorece la comunicación entre los departamentos y se refuerza enormemente la confianza entre los colaboradores», subraya Albino Rico.

La capacidad de liderazgo pasa además por saber sacar lo mejor de cada equipo. Y esto se logra cuando el directivo promueve la creación de un entorno sano, dinámico y proactivo. Se trata de inculcar una serie de valores para formar un equipo autónomo y comprometido con su trabajo, capaz de trabajar por objetivos, identificando las oportunidades de negocio, siendo analítico y habilidoso para adaptarse a situaciones de cambio.

El directivo debe aplicarse a sí mismo una regla básica para atraer y retener talento: cuidar el tiempo de ocio de sus colaboradores. En un escenario de trabajo por objetivos, la productividad, organización y eficacia son valores clave que se deben transmitir al equipo. De esta manera, estaremos favoreciendo la motivación entre los empleados, una de las funciones más importantes del líder.

Así pues, el significado de la palabra motivación se amplía. Existe un primer plano que no varía, el económico. Sin embargo, se desarrollan a continuación dos aspectos motivacionales fundamentales: necesidad de identidad como personas y necesidad de sentirse pieza importante en la empresa.

En su papel como gestor de personas, el directivo ha de desarrollar el talento de sus empleados. Cuando sus colaboradores se sienten realizados con su trabajo, existe un desarrollo real de sus carreras profesionales. Se produce así una satisfacción con la que disfrutan de su tiempo invertido en la compañía. Además, el directivo de hoy busca pactos con sus empleados. Se trata de un liderazgo colaborativo, a través del cual nacen nuevos líderes. Los gerentes son capaces de escuchar y convertir en estrategias y soluciones las ideas de su equipo. Para ello, el líder actual consigue que sus empleados se sientan valorados, siendo piezas clave en los equipos de trabajo.

Una vez se ha creado un entorno de trabajo sano, muchos directivos dedican gran parte de su tiempo a innovar. Las exigencias de un mercado tan versátil como el actual, provocan una renovación constante en sectores como el tecnológico, energético, farmacéutico o digital. «Gran parte de los directivos de hoy día busca una reconversión constante y alternativas reales, con futuro, pero siempre dispuestos a evolucionar en función de las necesidades, cada vez más versátiles, de los clientes», asegura Albino Rico.

Con cada una de estas dimensiones funcionales, el directivo encontrará nuevos roles. Será agente y precursor de transformación, gestionará a personas desde una perspectiva más abierta y productiva, y desarrollará habilidades creativas que promuevan precisamente el cambio que necesita su empresa en cada momento.

¡Ayúdame ‘influencer’!


No es fácil. Muchas empresas sufren cada vez más la temida hora de la transformación estratégica. Colaboradores y directiva se echan las manos a la cabeza cuando se pronuncia esa palabra: cambio. Un término vital para la supervivencia competitiva de las empresas.

Y es que las personas funcionamos a base de hábitos. Así estamos confirmados científicamente. Nuestro cerebro tiene una costumbre muy poco saludable para la innovación. Nos habituamos a una serie de patrones que además buscamos inconscientemente. Todos los colaboradores —incluyendo a todos los directivos— necesitan un periodo de adaptación y aprendizaje. A veces es costoso pero compensa por su retorno de la inversión. Y en otras ocasiones, la empresa se llega a plantear si realmente a quien tendría que haber cambiado es al personal —en el peor de los casos.

Además, cuanto más tiempo pasa para realizar un cambio, por muy pequeño que sea, sus ondas expansivas modificarán todo lo que encuentre por su paso. Por ello, es vital que acostumbremos a las personas a cambiar. Al final y al cabo, estaremos inculcándoles el hábito de cambiar y a romper contra ese anquilosamiento. ¿Cómo? Existen infinidad de maneras de hacerlo a través de multitud de herramientas para llevarlo a cabo.

La planificación es la madre de todas las formas y utensilios para llevar cabo transformaciones con el riesgo optimizado. Durante el cambio, las empresas pueden dejarse datos por el camino que termine afectando en el cliente como el último eslabón. De modo que a través de un pertinente plan de contingencia, a una adecuada formación que ayude a los empleados en su transformación, no hay por qué asustarse.

Tendremos miedo cuando el plan de comunicación interna no exista. Y es que «no hay peor impacto que aquel que viene provocado porque la gente no tiene información», aseguró la directora de Recursos Humanos y Comunicación de Altran, Alicia Sánchez Ruiz.

Por eso, durante un proceso de transformación empresarial, los profesionales que gestionen capital humano deben, primero, aliare con el departamento de comunicación – si es que no lo están haciendo ya -, y segundo, buscar un aliado que sea clave en su estrategia de transmitir el por qué, para qué y qué del cambio estratégico de la empresa a los colaboradores.

Este tipo empleado estratégico reúne muchas de las cualidades del influencer del mundo del marketing. Se podría decir que funciona casi de a misma manera. Se trata de un empleado respetado, empático, que congenie bien con los demás y que en definitiva tenga una gran competencia de liderazgo. No hablamos de directivo en sí, sino de un colaborador que comparta las mismas responsabilidades que sus compañeros. Será una persona a la que acuden sus compañeros cuando tengan dudas o problemas, el punta de lanza que será el aliado perfecto para beneficiar tanto a la empresa como a sus compañeros. Desvinculado de los oficiales sindicatos de las grandes empresas. Algo más informal.

Siempre y cuando se de una adecuada comunicación y se utilice un plan estratégico eficiente, la figura del influencer podrá suavizar esa onda expansiva y evitar que el clima laboral se intoxique. El estrés entre los empleados será menor y sus intenciones por ignorar el cambio o sabotearlo se reducirán a la mínima expresión.