El principal obstáculo en la digitalización (y su solución)

La digitalización de las empresas y las personas que las forman están mucho más cerca de lo que ya de por sí se pueda pensar. El factor humano en una organización funciona como un eje catalizador de toda la transformación que hoy día están llevando a cabo muchas compañías. Nos centramos en procesos de producción, herramientas o mercado digital, pero lo cierto es que la raíz de este asunto nace en los colaboradores que componen la organización.
Por ello, es normal que nos lleve a identificar cuál es la primera y principal barrera de la digitalización empresarial: las personas. ¿Falta de competencias digitales? No es del todo así.
Las habilidades digitales consisten en la integración de herramientas y procesos necesarios en la toma de decisiones del día a día. Para ello hay que tener un conocimiento digital, saber gestionar la información, dominar la comunicación digital, el trabajo en red o distribuido, ser capaz de adquirir una formación continua, de tener una visión estratégica acorde con esa digitalización, liderazgo en red y orientación al cliente final.
Sin embargo, una cosa son las competencias de un empleado y otra muy distinta que esas habilidades se adapten con los procesos, objetivos y valores corporativos. Se trata de conectar valores, poner en común los proyectos. Es lo que conocemos como gestión del talento.
Pero cuidado, porque es un error muy habitual intentar moldear a los empleados para que trabajen totalmente como si la empresa fuera suya. Esto puede llegar a ser una auténtica utopía. La realidad nos muestra la dificultad que supone pedir a un empleado el mismo nivel de compromiso que un directivo o dueño de una empresa. De ahí que lo que se genere sea en realidad una relación lo más estrecha posible entre competencias profesionales y alineación de valores entre empresa y personas.
Si partimos de la anterior afirmación, ¿hay que seleccionar personal en función a sus competencias o sus valores? ¿Qué prevalece más? Si sólo nos fijamos en las competencias, no tendremos empleados comprometidos y será como tener robots a nuestras órdenes. Y del mismo modo, si nuestro criterio de selección se basa exclusivamente en los valores, tendremos muy buenos amigos pero no competentes.
El pegamento de una organización son los valores. Hasta aquí está claro. Por lo que se puede contratar según los valores primero, y luego formar las competencias que más se adecúen a la organización. Si no conseguiremos el cien por cien del compromiso de nadie, por lo menos que se el máximo posible. Y esto se logra gracias al cuidado y la buena gestión y formación de las personas.
Los valores individuales del candidato —o ya empleado— también nos informarán de si es capaz de desarrollar más adelante esas competencias profesionales requeridas para estar al cien por cien.
Mantener e intentar que sus valores sean los de la empresa para también evitar la fuga de talento. Y diseñar la tecnología pensando en el bienestar y productividad del empleado, es clave para que la transformación digital siga su curso adecuado. Para ello, es fundamental comprender qué aspectos motivan a las personas; contar con ellas en el proceso para transformar su talento en resultados.
En definitiva se hace indispensable que los valores de ambas partes sean los mismos, para formar una unidad con un objetivo y proyecto en común. Cuando esto se consigue, lo demás viene rodado. Se desarrollará el talento oculto entre los colaboradores, y sólo así la organización funcionará a toda máquina.