Liderazgo emocional: Autoliderazgo


¿Cuantas veces has dicho o hecho cosas que sabías que no eran lo mejor ni lo más productivo? ¿Cuantas veces la ira, el resentimiento, la tristeza o la euforia se han apoderado de tus decisiones y te han llevado a actuar en contra de tu raciocinio? Por lo general las respuestas afirmativas en la media de profesionales (en especial latinos) es muy alta. ¿Por qué?

Por que el primer paso del liderazgo emocional es el autoconocimiento y el autocontrol emocional. O dicho de otra manera la capacidad de liderar tus propias emociones antes que intentar liderar las de los demás.

El día a día está repleto de problemas y trabas que pueden llegar a cabrearnos. Por ejemplo, ese cliente que no para de pedirte ciertos cambios o de tener exigencias que tú consideras fuera de toda justificación y que terminan sacándote de tus casillas, terminan capitalizando toda tu atención y ese enfado no solo domina tu día si no que solo tienes conversaciones sobre ello con el resto de tus compañeros.

Al fin y al cabo el fin último de toda inteligencia emocional es la de ser constructivos. O dicho en términos laborales, ser productivos.

Es una diferenciación muy sencilla de hacer. Si tus emociones están haciendo que te olvides de tu objetivo, no sirven, no son inteligentes. Y lo peor de todo, son altamente contagiosas y estás haciendo ineficaz a tu equipo.

Por eso has de ser autoconsciente sobre cuales son tus metas y objetivos. También has de ser objetivo contigo mismo sobre cómo te afectan tus emociones, siendo capaz de hablar de ello en voz alta. En esto del liderazgo emocional el autocontrol es la base sobre la que construir todo lo demás.

Festival de cine Madrid


Si sientes que siempre ves la misma película una y otra vez, si crees que la creatividad o los contenidos menos «mainstream» ya no pisan las salas de cine, entonces aquí tienes tu propuesta del fin de semana.

Llega la 25 edición de este evento con más de 80 horas de cine gratuito en las que descubrirás nuevos talentos y sobre todo, nuevas formas de expresión que no podías haber imaginado.

¿Dónde? En la Sala Berlanga, el Cine Doré, la Cineteca, la Academia de Cine, el Centro Cultural Conde Duque, y las universidades Rey Juan Carlos y Complutense.

¿Cuando? Desde hoy hasta el 25 de octubre desde las 11 de la mañana y sesión ininterrumpida.

¡Acción!

Liderazgo emocional


Con este post damos comienzo a una serie de post orientados a arrojar luz sobre el liderazgo pero desde las emociones. 

Puede parecer redundante pero la clave de este liderazgo es la inteligencia, en este caso, la inteligencia emocional.

Esta inteligencia emocional es uno de los tipos de inteligencia que existen. Cuando decimos de alguien que es «inteligente» nos referimos a cosas como su capacidad matemática, su memoria… pero la emocional es la más prácticas de las inteligencias en lo que a liderazgo se refiere.

Porque un líder gestiona personas y las personas somos emocionales por definición. Con lo cual, sin inteligencia emocional no hay liderazgo,

De ahí vienen expresiones como la que nos ocupa «liderazgo emocional» que no es otra cosa que la unión de las aptitudes y actitudes que permiten a una persona reducir el estrés de sus compañeros, aumentar su motivación y mejorar su productividad.

La inteligencia emocional no hace referencia solo a nuestra capacidad de gestionar las emociones ajenas si no también las propias. De nuestra pericia manejando nuestras propias emociones resultará el éxito o fracaso intentando gestionar las de los demás. Todos los grandes líderes han sido ante todo personas muy inteligentes emocionalmente.

Sin embargo, igual que la inteligencia matemática, la emocional solo tiene una parte innata. Tu puedes tener una gran capacidad matemática pero si nadie te enseña las tablas de multiplicar, mal vamos. Pues con la emocional pasa lo mismo: las cualidades innatas importan pero sin aprendizaje no sirven de nada.

Comunicación eficaz: Puntos de vista.


Para terminar nuestro repaso a los puntos claves de cualquier comunicación eficaz vamos a hablar de empatía. esa cualidad mediante la cual nos ponemos en el lugar de la persona con la que hablamos y logramos comprenderla.

La empatía es el engranaje que mueve las piezas de la comunicación eficaz.

En primer lugar: Ponte siempre en duda. Ponerse en duda a uno mismo es el ejercicio más sano que puede haber. No tener opiniones cerradas nos evitará esas típicas reacciones en las que literalmente «saltamos» sobre nuestro interlocutor con rapidez y furia.

Aunque tengamos razón ¿Qué aporta saltar a la más mínima sobre la persona con la que queremos construir una conversación edificante? ¿Qué conseguimos profiriendo argumentos irrebatibles (para nosotros) y dejando a esa persona desarmada? En ningún caso ese tipo de reacciones nos ayudarán a comunicar de manera eficaz y profesional.

Por el contrario, ante una opinión que choque frontalmente con nuestra forma de ver el asunto, hemos de preguntarnos siempre el por qué. Qué ha llevado a esa persona a hablar en esos términos.

Conocer los motivos es el primer paso para empatizar y empatizar es el paso definitivo para llegar a un punto común.

¿Como pretendes alcanzar un punto común y trabajar sobre él con una persona de la que no tienes ni idea de por qué opina lo que opina? Lo mejor es que en el trabajo dejes de lado cualquier opinión preestablecida y quizá con tiempo y práctica pueda llegar a sorprenderte un compañero o compañera que te demuestra que tu razonamiento era muy poco productivo. 

Porque estar abierto a que los demás rebatan nuestros argumentos con otros más válidos también es comunicarse eficazmente.

Comunicación eficaz: Rapport


El rapport es un concepto muy en boga gracias a lo inmediato de su efecto en una conversación. Practicarlo ayuda de manera directa a tu comunicación eficaz y ahora te contamos cómo hacerlo.

El rapport es en esencia, imitar el comportamiento de tu interlocutor pero jamás uses estos términos ante nadie ya que «imitar» tiene connotaciones negativas además de que te deja en mal lugar como «imitador». Por eso los expertos en Rapport prefieren usar el término «acompañar» así que de aquí en adelante no imitaremos si no que acompañaremos a nuestros interlocutores a la hora de comunicarnos.

¿En qué términos se produce este acompañamiento? Son términos sutiles, evidentemente, ya que se trata sobre todo de pequeños gestos, tono de voz etc.

Si a la otra persona le gusta mover mucho las manos o tocarte el hombro, si esa persona habla en un tono de voz muy bajito o te mira siempre a los ojos, haz lo mismo. Esto hará que de una u otra manera conectéis al hablar el mismo idioma.

Sin embargo es importante detectar las conductas positivas y las negativas. Por eso hemos dicho que el término es «acompañar» y no simplemente «imitar». Porque a veces veremos en nuestro interlocutor una conducta negativa que evidentemente no tenemos que reproducir si no que tenemos que detectar e inspirar a cambiar.

El ejercicio más común es el de abrir los brazos o las piernas. Unos brazos cruzados o unas piernas cruzadas son una posición defensiva pero tenemos que identificarlo y no imitarla si no acompañar a nuestro interlocutor a que él también abra los brazos haciéndolo nosotros.

Con estos ejercicios lograremos sincronizar nuestra manera de expresarnos haciendo que la comunicación fluya y llegando incluso a evitar conflictos sin que la otra persona se haya percatado.

Brunch in the park


Este domingo 9 de Octubre y todos los domingos y hasta el domingo 9 de Noviembre llega brunch in the park. Un evento que trae a Madrid la mejor música para pasar el domingo, desde electrónica hasta alternativa y donde además podrás beber y comer de sus deliciosos foods trucks.

¿Donde? En el parque tierno Galván, metro legazpi. ¿Horarios? Desde las 13 hasta las 22 y con opción de que entren menores, eso sí, tienen que salir antes de las 19h.

Si aún tienes alguna duda sobre ir o no, te dejamos este vídeo promocional: Brunch in the park

Para más información sobre los artistas invitados, los precios de las entradas… Visita el sitio web del evento.

Comunicación eficaz: Interpretar


No todas nuestras creencias y valores son comunicadas de manera evidente. No todo lo que pensamos u opinamos es expuesto con claridad a nuestro interlocutor. Eso hace que en muchas ocasiones estemos obligados a decodificar o interpretar a nuestros compañeros en nuestro día a día.

Vergüenza, pudor, pereza, exceso de respeto… Los motivos que nos llevan a no ser claros son muchos pero hay más comunicación en lo que se infiere que en lo que se dice.

Hablamos de comunicación verbal y de comunicación no verbal. Ya sabemos que la mayor parte de nuestra comunicación es no verbal (hablaremos más sobre ello en profundidad en próximos post) pero también la comunicación verbal puede ser objeto de interpretación.

Por ejemplo si tu compañero dice «esto no se hace así» en lugar de «esto no me gusta así» aunque el mensaje es el mismo los matices cambian. En el primer caso podemos deducir que se refiere a que el ha aprendido que en esta compañía no se hace así y además que está muy seguro de ello, en el segundo caso aporta una visión personal que no tiene por qué ser el sentir común de la compañía y muestra una mayor posibilidad de cambiar su opinión si insistes.

De la misma manera, a nivel personal, podemos ver como con un simple: «pues este domingo me voy a quedar en casa, que ya toca» o «este domingo no he hecho nada, vamos, descansar» hacen referencia a estilos de vida diferentes aunque el hecho en sí sea el mismo (quedarse en casa un domingo) Y de estos matices tienes que inferir los valores y creencias de tu compañero para que la comunicación sea lo más eficaz posible (ya vimos en entradas anteriores la importancia de la interlocución sobre temas personales a la hora de mejorar una comunicación profesional)

De la misma manera que tienes que aprender a inferir en lo que se dice y cómo se dice porque de ahí puedes sacar mucho sobre tus compañeros en el trabajo, tienes que saber controlar lo que dices y cómo lo dices por el mismo motivo.

 

Comunicación eficaz: ¿Diferencias?


Uno de los motivos más habituales para argumentar el por qué no congeniamos con alguien en el trabajo y no tenemos una buena comunicación con el o ella es «que sois muy diferentes» y ahora llega la pregunta: ¿Eso qué tiene qué ver?

Tus diferencias personales no son diferencias profesionales, no las conviertas en tales.

Aunque no lo creas, solemos usar nuestras diferencias personales como barreras para comunicarnos eficazmente con nuestros compañeros. Diferencias políticas, deportivas… hacen que de primeras encasillemos a esa persona en el apartado de «no encajamos» y esto hace que vuestra relación no sea muy fluida.

Podemos llegar incluso a centrar siempre las conversaciones en nuestras diferencias, como aquel compañero apasionado del fútbol que siempre que ve al compañero del equipo rival habla sobre ese tema o se recuerdan constantemente resultados adversos.

Si nos paramos a pensarlo esta actitud es ridícula y muy nociva para nuestra comunicación. al fin y al cabo podemos poner el foco en las diferencias o hacerlo en las similitudes.

¿Y cuales pueden ser esas similitudes? Muy sencillo, centrarse en el aspecto laboral. En primer lugar tenéis un objetivo común, eso seguro. Y además es un trabajo que tienes que realizar el buscar aspectos comunes con esa persona, ya sea en la forma de entender algún aspecto laboral como en lo personal.

Busca esa serie que ambos habéis visto o esa forma de entender la forma de trabajar en la que ambos os sentís cómodos y centra todas las conversaciones en ello. Esto creará caminos que harán que a nivel profesional las comunicaciones sean eficaces ya que tras muchas conversaciones «de pullitas o bromitas» es muy complicado cambiar el chip hacia una conversación profesional y eficaz del día a la mañana.

Comunicación eficaz: Monólogos


Antes de hablar y comunicarte con los demás, nos comunicamos con nosotros mismos. Es el paso previo necesario del que nace todo. El origen del que nacen todos nuestros problemas de comunicación externa radican en nuestra forma de comunicarnos con nosotros mismos.

Por ello tienes que hacer un pequeño ejercicio de observación. ¿Cómo te hablas a ti mismo?

Estarás tan acostumbrado a dirigirte a ti mismo que seguramente no seas consciente en primera instancia de cómo es esa comunicación por eso tienes que tener presente y analizar cosas como:

El lenguaje que empleas contigo mismo. ¿Usas palabras positivas o sarcásticas? Si tienes muy interiorizado un tipo de lenguaje sera imposible que lo cambies para referirte a otra persona y también te será muy desagradable o chocante que otra persona use un lenguaje diferente al que tu usas contigo mismo.

Ten en cuenta otras cosas como el tono en el que te hablas. Cuando te reprendes a ti misma ¿Usas un tono constructivo? ¿O más bien te dices cosas como que has sido muy estúpida? Observa incluso tus propios gestos, cómo mueves las manos o si cierras los puños ante las frustraciones.

Lo importante es que solo observes, nunca te juzgues. Es decir, en esta primera etapa solo estás buscando conocerte, no corregir nada. Y ni mucho menos reprenderte nada.

De nuestros «monólogos» diarios, vienen en gran parte nuestros malos humores, nuestras frustraciones o tristezas. Si no estás en el estado de ánimo que consideras mejor para ti, analiza qué te ha llevado hasta allí porque puede ser que no te hayas comunicado eficazmente contigo mismo.

 

Comunicación eficaz


Cuantas veces nos pasa que intentamos trabajar en equipo y hay personas con las que todo va rodado y otras con las que no hay manera, personas con las que siempre terminamos «tensos» y con las que preferimos no trabajar porque no estamos de acuerdo en nada.

Sin embargo una comunicación eficaz nos hará ser profesionales en este aspecto. Comunicarnos de manera efectiva para llevar a cabo el trabajo en equipo de la mejor manera posible.

¿Por qué sucede esto? Porque cada individuo tiene sus valores, sus experiencias… y a veces nos encontramos con alguien que de primeras se encuentra en las antípodas a ti y por ellos vuestras decisiones serán divergentes por completo.

Sin embargo existen maneras y trucos para que puedas llegar a compenetrarte con estas personas y hacer que vuestro trabajo en equipo sea fructífero. De aquí en adelante veremos algunos de ellos para ayudarte a desarrollar una comunicación eficaz.

No olvides que esto no se trata de ser amigos o de tener una relación personal si no de no llegar a uno de esos «puntos de no retorno» en los que ninguno de los dos está haciendo su trabajo cómodo. Se trata de que no vuelvas a tener la sensación de que no te encienten o de que «no pillas» a esa persona.

Aunque suene algo frío, no podemos afrontar las relaciones con nuestros compañeros de manera espontánea. Tenemos que calcular los gestos y estar muy atentos a los suyos, analizar el por qué de cada una de sus respuestas y guiar la conversación por donde más nos interesa.