Mente minimalista, ‘in corpore sano’


El minimalismo es simple pero difícil de conseguir. A lo largo de la vida vamos acumulando muchas cosas que estorban, muchas personas que sobran, muchas situaciones que entorpecen, y muchas preocupaciones que delimitan.

A veces es tan importante o más, tener espacio para las verdaderas prioridades del día a día, que saber elegir cuáles son estas. Vivimos en la era de la excesiva información. En cada momento nuestra mente ve pasar multitud de estímulos que podemos escoger o no. Por eso un día nos encontramos con un cajón desastre de pensamientos que ni siquiera nos sirven ni para bien ni para mal.

En la sencillez y simplicidad radica el verdadero avance. Y la clave está en llevar una vida minimalista. Tener pocas cosas pero de calidad. ¿Cómo deshacernos de todo aquello que estorba? La clave está en el Minimalismo Racional, que no es otra cosa que la manera de retener únicamente aquello que se necesita para poder enfocarse en lo importante y en consecuencia vivir mejor. Lo que está en perfecta sintonía con la productividad laboral. 

Resulta inevitable encontrarse con problemas y obstáculos en el día a día del trabajo o de la vida personal, por ello es importante tener autocontrol, sobre todo hacia aquello para lo que no hay espacio o no nos es útil en nuestro progreso diario. Para lograrlo, lo primero es tener claro lo que queremos o lo que nos estorba. Enfocarnos en un objetivo y eliminar todo lo que entorpezca su logro. Esto significa ser selectivo con uno mismo. Y no es fácil, requiere de un esfuerzo extra. Poco a poco iremos habituándonos a un modo más simple, adquiriendo una mayor facilidad para escoger las prioridades que nos suman y no nos restan ni nos delimitan.

Auto-cuestionarse para romper paradigmas. Antes de nada debemos preguntarnos: ¿los esquemas que sigo cada día son verdaderamente útiles para seleccionar la información más pertinente? Los hábitos con los que funcionamos a diario están tan establecidos en nuestras vidas que ni siquiera nos paramos a cuestionarlos. Un buen comienzo, sería enfrentarse a esos arquetipos.

Establecer como prioridad una actitud proactiva trae consigo una amplia visión de futuro con la que sin ella no podríamos seguir la flecha del éxito. Por ello, es fundamental ocuparse en lugar de preocuparse. Hay que pasar a la acción, solo así invertirás esa situación que hace que no avances.

Saber decir ‘no’ es primordial para ir tirando a la basura todo aquello que entorpece en el minimalismo. Al igual que saber cuándo decir ‘sí’. Porque es vital acumular experiencias. Muchos pensamientos que nos ahogan son todas aquellas cosas que queremos hacer y nunca nos decidimos a realizarlas. Una de dos: o las hacemos o las descartamos y las sacamos de nuestra mente. No vale el “ya lo haré”. En el momento de tomar una decisión como esta, hay que valorar la multitud de experiencias con las que nos podemos enriquecer. Sólo nosotros sabemos qué escoger.

Adáptate a circunstancias que no puedes cambiar. A veces, hay elementos con los que no puedes luchar. Sé realista. En una mente minimalista sólo hay lugar para una cosa. ¿Elementos negativos o positivos, con cuál te quedas?

En definitiva llevar una vida minimalista se podría reducir en dos pasos: identificar cuáles son tus prioridades y eliminar todo lo demás.