Productividad en verano: Temperatura


El más obvio y posiblemente, junto a las circunstancias sociales, el factor más determinante de la caída del rendimiento en verano.

Porque al fin y al cabo no bajamos nuestra productividad porque nos apetezca sin más si no que detrás de esta caída encontramos motivos tangibles que afectan a nuestro organismo: La temperatura es uno de ellos.

Demasiado calor: Tenemos un cuerpo termosensible. Esto quiere decir que con demasiado calor nuestro organismo luchará por enfriarse, o dicho de otro modo, que con mucho calor nuestro cuerpo estará a otra cosa.

Decae nuestra atención, aumenta la fatiga muscular y el cansancio, la sudoración se dispara (y esto merma nuestra capacidad de atención) y el organismo nos demanda hidratación constante, es decir, constantes interrupciones.

Por eso en las oficinas se instalan los aires acondicionados, como solución inequívoca al problema del calor. Y lo es, solo en parte.

Los aires acondicionados dan un frío muy seco, artificial. Esto hace que no terminemos de estar del todo cómodos con la temperatura y regulemos (si podemos) la potencia del aire constantemente. Porque en otros casos no podemos y nos pasamos abrigándonos y destapándonos todo el día.

Demasiado frío trae, además de los consabidos resfriados de verano, una fuente inagotable de distracciones ya que cualquier temperatura anómala para nuestro cuerpo, ya sea frío o calor, será como un pitido constante que mermará, queramos o no, nuestra productividad.

Por ello lo mejor es encontrar un punto del aire donde no te de directamente, que recoja una temperatura estable desde el principio, que su hora de encendido esté establecida con anterioridad.


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