Pedir un aumento: ¿Cómo?


Tanto o más importante que el cuando es el cómo ya que aunque lo hagas en el momento perfecto tienes que saber cómo actuar no solo en el contenido si no en las formas de cara a tu jefe. 

Si previamente has analizado todos los factores de los que hablábamos en los post anteriores, ahora tienes que tenerlos bien presentes. Pasa muy a menudo que damos vueltas a las cosas en nuestra cabeza y subjetivamente nos parecen un montón de argumentos sólidos pero a la hora de exponerlos a un tercero ni son tantos ni son tan sólidos.

Por eso plasma tus argumentos por escrito o haz una lista mental de ellos, no los dejes en algo indeterminado.

Prepárate para cualquier respuesta. No des por hecho que el sí es la única respuesta si no que ponte en duda a ti mismo. ¿Qué dirás si apela al agravio comparativo? ¿Qué dirás si duda de tu rentabilidad? ¿Qué dirás si dice que estás mejor pagado que tus homólogos en otras empresas? Todas son preguntas posibles que has de tener controladas porque de nada sirve obtener la respuesta una vez sales por la puerta, tienes que tenerla en el momento.

Otro aspecto más allá del contenido son las formas. Cuando vamos a pedir un aumento solemos mirar al suelo, titubear o incluso decir cosas fuera de lugar. Todo este lenguaje, ya sea verbal o no verbal indica a nuestro interlocutor cómo debe tomarse nuestra propuesta y creedme cuando os digo que si pedís un aumento a media voz, sin mirar a los ojos y como “sin ganas” no os lo van a conceder.

Tampoco hay que ser especialmente malpensado como para saber que si alguien cree que tampoco quieres algo mucho, aunque te lo merezcas, si puede ahorrárselo mejor.


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