Lidiar con el fracaso: Tranquilidad


En primer lugar hemos de tener en cuenta que una situación de fracaso es siempre una situación crítica para nuestros nervios. No llegará nunca ese día en el que tras un fracaso reacciones con perfecta calma y sosiego.

Y como tenemos que contar con que nuestra reacción va a ser con los nervios alterados hemos de tenerlo en cuenta y anticiparnos. ¿Por qué?

Porque de esos segundos de reacción incorrecta podemos arrepentirnos durante meses ya que pongámonos en el supuesto de que acaban de denegarte un ascenso y tu reacción es hacer un par de comentarios hirientes sobre el criterio de selección y de paso, sobre la empresa o incluso sobre el candidato. Claro.

Pero luego llegas a casa y te das cuenta de lo siguiente: Un ascenso hubiese elevado tu posición y no conseguirlo te hubiese dejado donde estabas. Sin embargo gracias a tu actitud ahora estás en una situación peor de la que estabas antes de optar al ascenso. Tanto esfuerzo tirado por la borda….

Porque al día siguiente tienes que seguir trabajando con tu equipo y ese equipo va a saber (creeme) tu reacción del día anterior, es más, van a estar prestándote mucha atención para ver cómo estás gestionando la situación, puro morbo.

Ten en cuenta que nadie se tomará mal que digas: “Sí, estoy decepcionado, quería el puesto” ¿Qué tiene de mal0? Además, no tiene ningún sentido cuando nos empeñamos en hacer que parezca que no nos ha importado ¡No engañamos a nadie! Y este tipo de actitudes solo nos hace parecer “malos perdedores”

En definitiva, respira hondo y sé inteligente, sea cual sea la primera idea que aparece en tu cabeza, ignórala. 


Deja un comentario