Liderazgo emocional


Con este post damos comienzo a una serie de post orientados a arrojar luz sobre el liderazgo pero desde las emociones. 

Puede parecer redundante pero la clave de este liderazgo es la inteligencia, en este caso, la inteligencia emocional.

Esta inteligencia emocional es uno de los tipos de inteligencia que existen. Cuando decimos de alguien que es “inteligente” nos referimos a cosas como su capacidad matemática, su memoria… pero la emocional es la más prácticas de las inteligencias en lo que a liderazgo se refiere.

Porque un líder gestiona personas y las personas somos emocionales por definición. Con lo cual, sin inteligencia emocional no hay liderazgo,

De ahí vienen expresiones como la que nos ocupa “liderazgo emocional” que no es otra cosa que la unión de las aptitudes y actitudes que permiten a una persona reducir el estrés de sus compañeros, aumentar su motivación y mejorar su productividad.

La inteligencia emocional no hace referencia solo a nuestra capacidad de gestionar las emociones ajenas si no también las propias. De nuestra pericia manejando nuestras propias emociones resultará el éxito o fracaso intentando gestionar las de los demás. Todos los grandes líderes han sido ante todo personas muy inteligentes emocionalmente.

Sin embargo, igual que la inteligencia matemática, la emocional solo tiene una parte innata. Tu puedes tener una gran capacidad matemática pero si nadie te enseña las tablas de multiplicar, mal vamos. Pues con la emocional pasa lo mismo: las cualidades innatas importan pero sin aprendizaje no sirven de nada.


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