Formar equipos


Ser parte de un equipo es algo complejo y hemos hablado de ello en infinidad de ocasiones: Medir los egos de tus compañeros, controlar tus emociones, manejar estrategias… pues imagínate el día que te toque formar a ti tu propio equipo. Por ese grado de complejidad empezamos una serie de post que nos den ciertas claves sobre cómo responder a ese momento.

Cuando te toque formar un equipo es que ya has ascendido en la escala laboral, es que ya sabes lo que significa la gestión emocional y llevar a cabo estrategias internas.

Por eso vamos a centrarnos en las cosas para las que no estás preparado, cosas que nunca has visto desde este punto de vista porque normalmente has entrado a equipos asignados previamente y alguien te ha dado un rol, ahora eres tú el que (en el mejor de los casos) eliges el equipo y si no puedes elegirlo el que reparte los roles.

Ten en cuenta que toda esa experiencia que has acumulado llegando desde abajo es una experiencia de incalculable valor. Por eso cuando eligen a una persona con poca experiencia para dirigir un grupo siempre suele fracasar, porque nunca ha estado en el otro lado, nunca ha intentado ascender, nunca ha tenido que sufrir a compañeros que intentaban hacer menos trabajo, nunca han tenido que ver cómo el líder cometía errores o descuidaba las relaciones personales.

Es decir, aunque aún no te haya llegado el momento de formar un equipo tienes que mantener los ojos bien abiertos siempre que formes parte de uno, ese es tu único aprendizaje. Un día alguien te dirá que ahora te toca a ti y cuando ese día llegue tienes que tener varias respuestas muy firmas a la siguiente pregunta:

¿Qué haría yo mejor?


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