El arte de presentar


Empezamos un nuevo monográfico. esta vez sobre un asunto que nos ocupa a todos: Las presentaciones.

Antes de comenzar nuestra carrera profesional, solemos pensar que no todos los perfiles han de tener un buen dominio de la presentación. Es decir, quizá un ingeniero no tenga la necesidad de presentar tan bien como un publicista ya que el ingeniero vende datos tangibles que hablan por sí solos y el publicista vende conceptos que necesitan de un mayor apoyo de la presentación.

Este error se subsana cuando empezamos nuestra carrera profesional y vemos que todo arroja cierta sombra de subjetividad y que siempre estaremos en un entorno competitivo marcado por las opiniones. Que por tangible que sea nuestro proyecto, la forma en que se la presentamos al responsable de aprobarlo va a ser crucial.

Y que sí, pasa constantemente que proyectos mediocres son aprobados por ser expuestos brillantemente y proyectos brillantes son descartados por una exposición mediocre.

Y es que, cuando presentamos un proyecto o una idea, tan solo estamos presentando un boceto de lo que terminará siendo y el hecho de que nosotros lo tengamos muy claro no quiere decir que alguien totalmente ajeno a tu proceso de raciocinio lo tenga tan claro. 

Al final, cuando comienzas a pensar en un proyecto sigues un proceso mental que te lleva del punto A al punto B. Así que en el momento de presentar tú ya estás en el punto B y lo tienes muy claro, estás convencido y emocionado pero tus interlocutores siguen en el punto A.

Por eso cada presentación es un camino complejo en el que has de coger de la mano a tus interlocutores y llevarlos sin ninguna prisa al destino deseado.


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