El arte de presentar: Sé creíble


No se trata de dar un espectáculo y ya está. No se trata de que tu audiencia o tus interlocutores se lo pasen bien ni suelten carcajadas o sonrían con tu fina ironía. No es el club de la comedia, estás presentando y has de resultar creíble.

Tenemos tanto miedo a resultar aburridos en nuestras presentaciones que confundimos el interés con la comedia o los chascarrillos.

Pero no debes contar chistes. Ya comentamos en post anteriores la importancia de contar historias que dejen un poso en la audiencia, que les hagan empatizar con las razones que expones. Pero un chiste no tiene sustancia, es divertimento por puro divertimento.

Es como si en medio de la presentación empezases a hacer malabares con un monociclo.

Estamos hartos de ver presentaciones que incluyen chascarrillos que hacen despertar a la audiencia. Bien: aquí tenemos un problema, si la audiencia se ha dormido es que lo que dices, el contenido de lo que presentas, no tiene interés. Y si cuentas un chiste y eso les hace levantar la cabeza es que quieren un monólogo de el club de la comedia gratuito, pero tú estás presentando para vender una idea, un proyecto.

Una broma solo consigue que parezcas gracioso y que el humor de los asistentes mejore. A menos que tu papel sea el de presentador de varios ponentes y tu única atención es que la audiencia no se canse y mantenga la atención, las risas del público no van a ayudarte.

Es común en algunos políticos por ejemplo el explotar su lado «más amable» pero porque ellos se venden a sí mismos como individuos y tú estás vendiendo un proyecto o una idea de la que tienes que convencer. Y la risa resulta amable y divertida pero no creíble.


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