El arte de presentar: Preguntas y respuestas


¿Cuando ha sido la última vez que levantaste la mano al final de una presentación para hacer una sugerencia o manifestar una duda? No, no es algo que hagamos muy a menudo. ¿Por qué?

Incluso la presentación más eficiente y mejor llevada puede llegar a este incómodo silencio final tras la pregunta de si alguien tiene dudas o algo que comentar. En ocasiones creemos al haber conseguido empatizar con el público y haber mantenido su atención ya tenemos su obediencia y que no nos dejarán tirados o tiradas en ese momento.

La realidad es que eso depende mucho de las personas. Hay gente que no tiene ningún reparo en preguntar y hay otras personas que necesitan un empujoncito. Obviamente si has creado un vínculo con la audiencia durante la presentación será mucho más fácil que ellos se vean con la confianza de preguntarte lo que sea. Mientras que si te ven como alguien frío o alejado es menos probable que se decidan por levantar la mano.

El truco más común es pedir que escriban las preguntas durante la presentación. Por ejemplo, pide una reflexión en medio de la presentación y pide que vayan pensando la respuesta porque al final lo preguntarás. Incluso puedes decir que la respuesta es muy complicada y que normalmente se equivocan y que esperas que alguien acierte.

Otra manera de romper el hielo es avisar que al final vas a hacer preguntas o ir haciendo preguntas a lo largo de la presentación. 

Estas preguntas pueden ser muy sencillas del tipo: que levante la mano quien… o a ver, por ejemplo tú… de esa manera creas un clima de conversación que te evitará el silencio final y además hará incrementar la atención sobre tu presentación por posibles preguntas que puedas hacer.


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