El arte de presentar: ¡No leas!


Leer al presentar es como montar en bici con ruedines: Vas mucho más seguro, pero no impresionas a nadie ni tampoco llegas muy lejos.

El principal motivo por el cual se lee en las presentaciones es por ganar en seguridad. De hecho, todos hemos empezado leyendo al presentar en el colegio y según hemos ido ganando confianza y soltura hemos dejado de leer para presentar explicando, con naturalidad.

Entre los principales handicaps de leer las presentaciones encontramos los relacionados con la conexión que generamos con los interlocutores. El hecho de leer hace que no podamos mirar a las personas a las que nos dirigimos.

También mencionamos en la anterior entrada que nuestra presentación ganará en emocionalidad si el interlocutor cree que nos dirigimos a él, lo cual es casi imposible si leemos un texto escrito con anterioridad. Eso sin mencionar que cuando leemos un texto para presentarlo, tenemos toda nuestra atención puesta en ese guión. Por lo tanto, si en el transcurso de la presentación algo nos saca del guión, nos hacen una pregunta u ocurre algún imprevisto, nos costará reaccionar mucho más que si no estuviésemos atado a lo escrito en el papel o en la presentación.

Para no leer una presentación tienes que haberla preparado antes con mucha dedicación, esta dedicación es otro de los motivos a favor de no leer, ya que demuestra tu interes por la misma.

Si por algún motivo no has podido prepararla intenta leer solo los conceptos clave y seguir hablando mirando a los interlocutores el resto del tiempo. Aporta lo que sepas sobre el tema apartando la vista del papel siempre que puedas y si no queda más remedio, lleva un papel impreso (que te permita moverte y apartarlo de tu vista con más gestualidad) que darte la vuelta y mirar la presentación.

Mirar a la presentación y leerla es prácticamente un suicidio a la hora de conectar con tus interlocutores: No los miras, les das la espalda, no te mueves, no gesticulas y tu foco de voz está apuntando en dirección contraria.


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