Comunicación eficaz: Monólogos


Antes de hablar y comunicarte con los demás, nos comunicamos con nosotros mismos. Es el paso previo necesario del que nace todo. El origen del que nacen todos nuestros problemas de comunicación externa radican en nuestra forma de comunicarnos con nosotros mismos.

Por ello tienes que hacer un pequeño ejercicio de observación. ¿Cómo te hablas a ti mismo?

Estarás tan acostumbrado a dirigirte a ti mismo que seguramente no seas consciente en primera instancia de cómo es esa comunicación por eso tienes que tener presente y analizar cosas como:

El lenguaje que empleas contigo mismo. ¿Usas palabras positivas o sarcásticas? Si tienes muy interiorizado un tipo de lenguaje sera imposible que lo cambies para referirte a otra persona y también te será muy desagradable o chocante que otra persona use un lenguaje diferente al que tu usas contigo mismo.

Ten en cuenta otras cosas como el tono en el que te hablas. Cuando te reprendes a ti misma ¿Usas un tono constructivo? ¿O más bien te dices cosas como que has sido muy estúpida? Observa incluso tus propios gestos, cómo mueves las manos o si cierras los puños ante las frustraciones.

Lo importante es que solo observes, nunca te juzgues. Es decir, en esta primera etapa solo estás buscando conocerte, no corregir nada. Y ni mucho menos reprenderte nada.

De nuestros “monólogos” diarios, vienen en gran parte nuestros malos humores, nuestras frustraciones o tristezas. Si no estás en el estado de ánimo que consideras mejor para ti, analiza qué te ha llevado hasta allí porque puede ser que no te hayas comunicado eficazmente contigo mismo.

 


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