Pedir un aumento: ¿Cómo?


Tanto o más importante que el cuando es el cómo ya que aunque lo hagas en el momento perfecto tienes que saber cómo actuar no solo en el contenido si no en las formas de cara a tu jefe. 

Si previamente has analizado todos los factores de los que hablábamos en los post anteriores, ahora tienes que tenerlos bien presentes. Pasa muy a menudo que damos vueltas a las cosas en nuestra cabeza y subjetivamente nos parecen un montón de argumentos sólidos pero a la hora de exponerlos a un tercero ni son tantos ni son tan sólidos.

Por eso plasma tus argumentos por escrito o haz una lista mental de ellos, no los dejes en algo indeterminado.

Prepárate para cualquier respuesta. No des por hecho que el sí es la única respuesta si no que ponte en duda a ti mismo. ¿Qué dirás si apela al agravio comparativo? ¿Qué dirás si duda de tu rentabilidad? ¿Qué dirás si dice que estás mejor pagado que tus homólogos en otras empresas? Todas son preguntas posibles que has de tener controladas porque de nada sirve obtener la respuesta una vez sales por la puerta, tienes que tenerla en el momento.

Otro aspecto más allá del contenido son las formas. Cuando vamos a pedir un aumento solemos mirar al suelo, titubear o incluso decir cosas fuera de lugar. Todo este lenguaje, ya sea verbal o no verbal indica a nuestro interlocutor cómo debe tomarse nuestra propuesta y creedme cuando os digo que si pedís un aumento a media voz, sin mirar a los ojos y como «sin ganas» no os lo van a conceder.

Tampoco hay que ser especialmente malpensado como para saber que si alguien cree que tampoco quieres algo mucho, aunque te lo merezcas, si puede ahorrárselo mejor.

Pedir un aumento: ¿Cuando?


Si mereces un aumento lo mereces, lo pidas cuando lo pidas. Eso es cierto pero hay que ser inteligentes porque somos humanos y tenemos estados de ánimo variables. solo podemos prestar atención y energía a ciertas cosas, necesitamos un proceso de asimilación…

Lo mejor es que diferenciemos entre tres niveles: El momento personal del decisor, el momento que viva la empresa y tu momento personal.

El momento en el que tomes a tu decisor es clave porque en función de nuestro estado de ánimo actuamos de una u otra manera. Por ejemplo, si es un momento de mucho estrés para el o ella en el que está concentradísima en terminar un informe urgente… pues no es el momento.

Ya no solo por el estado de ánimo si no porque vienes a traerle algo en qué pensar a una cabeza que ya no admite nada más porque está sobrepasada. Muchas veces es difícil conocer en qué momento está el decisor, en especial en empresas muy grandes pero has de tratar de averiguarlo. Por supuesto nunca llegarás a saber si ha dormido bien o no, ahí tienes que tener intuición y jugártela.

El momento en el que está tu empresa es sin embargo mucho más sencillo de averiguar. Si estáis en plena expansión, si se está contratando personal, si no hay ninguna tensión en el ambiente y hay mucho trabajo encima de la mesa… es el momento perfecto. Este indicador puede servirte para imaginar el primero, es decir, cuando la empresa esté viento en popa seguramente el estado de ánimo de tu jefe sea bueno.

Y en especial ten en cuenta el momento en que estés tú. ¿Cuánto tiempo llevas en la empresa? ¿Ha aumentado tu cantidad de trabajo o tu responsabilidad? ¿Hasta qué punto eres imprescindible? De nada sirve tener el viento de cara en los dos primeros puntos si en el tercero no tienes nada que hacer.

Por así decirlo, los dos primeros responden a una situación que tenéis en común todos los empleados (que acreditaría a cualquiera de tus compañeros a pedir un aumento) y es el tercero el que te diferencia a ti como individuo.

 

Pedir un aumento


Comenzamos hoy lunes una serie de post que nos traen la información más útil sobre uno de los momentos tensos que más interesa a los empleados españoles: Pedir un aumento de jefe.

Ha llegado un momento en el que crees que deberías cobrar más. A este momento no se llega así de repente, es todo un proceso interior que desembocará en esa conclusión. Lo primero que has de hacerte es preguntarte cuales son los motivos que te han llevado a tomar esa decisión.

De cuales sean estos motivos dependerá el desenlace de tu petición ya que muchas veces pedimos aumentos de sueldo porque no estamos conformes en nuestro trabajo y eso hace que queramos otro tipo de compensación para aliviar nuestro día a día pero… lamentamos informarte de que en estos casos los aumentos no llegan nunca, solo más frustración.

Si no estás a gusto en un trabajo busca una manera de arreglarlo para estar a gusto o sal de el trabajo pero no pidas un aumento.

Porque llega el día en que te plantas en el despacho del jefe y créeme, vas a necesitar argumentos potentes.

En primer lugar hay que desmitificar el aumento de sueldo. No vas a pedir un favor ni necesitas que nadie te salve la vida, simplemente estás arreglando una situación injusta.

Hay que afrontar la petición de un aumento de sueldo con naturalidad, de la misma manera que pedimos más responsabilidad o cualquier otra cosa. En este país tenemos que dejar de sentirnos «miserables» por pedir más dinero porque es solo un trámite profesional.

Además hoy en día los datos de sueldo por posición profesional y responsabildad son de muy fácil acceso así que hoy más que nunca nos quedamos sin excusas para afrontar esta situación de manera profesional, calculada y seria.

Rave market


Esto sí que es un mercado realmente alternativa, un mercado auténtico y con mucha personalidad que mezcla música y artículos de segunda mano.

Podrás encontrar el mejor diseño independiente, disfrutar de la música en directo, ver exposiciones de arte y degustar la mejor gastronomía, además de los omnipresentes chupitos de Jägermeister.

Pásate por la sala Shoko este domingo 27 de noviembre desde las 12 de la mañana y contágiate del increíble ambiente que se vive en el Rave Market.

Lidiar con el fracaso: Reflexión


Hoy ponemos el punto final a nuestro monográfico sobre cómo atravesar esos momentos de fracaso con una reflexión muy interesante: ¿Querías triunfar? y en ese caso ¿por qué lo querías?

El día a día hace que nos convirtamos en seres bastante rutinarios, en personas que actúan más por automatismos que por reflexiones profundas. Esto quiere decir que en el caso del éxito, nos lo han dado en un formato que quizá no siempre es el que nosotros deseamos.

Un ascenso, tener más responsabilidad, más sueldo, menos tiempo. Casi nunca nos planteamos el destino, simplemente corremos hacia allá, hacia el ascenso, el nuevo contrato… Pero pocas veces nos paramos y nos preguntamos si de verdad queremos eso.

Un momento de fracaso es ese momento donde todo se para y coges distancia, es un buen momento para que te hagas esa pregunta porque quizá uno de los motivos que te ha llevado a fracasar es que realmente no lo querías o simplemente que ese no era tu trabajo ideal o tu puesto.

En caso de que la respuesta sea sí, bien, sí que querías ese ascenso, ese trabajo, ese trato con el cliente ¿Por qué lo deseabas tanto? Porque muchas veces queremos algo pero no por los motivos adecuados.

¿Qué son los motivos adecuados? Muy sencillo, loa motivos adecuados son aquellos que nos motivan tanto que nos hacen sacar lo mejor de nosotros. Por ejemplo, el dinero, por sí mismo, no suele ser un motivo muy poderoso. Así que en un momento tan delicado aprovecha para pensar si realmente lo querías y es lo mejor para ti y los motivos que te han llevado a quererlo tanto.

lidiar con el fracaso: Motivos


Vale, ya nos hemos tomado la situación con calma, nos hemos olvidado de conspiraciones de película y nos hemos enfocado en el futuro ¿Qué hemos ganado? Pues hemos ganado la frialdad como para averiguar los motivos de nuestro fracaso. 

No hablamos de los motivos que tú crees que han provocado el despido si no de los motivos reales, los objetivos.

Para alcanzar esa visión objetiva tenemos que hablar con alguien que ha vivido la situación desde otro lado. para eso tenemos que hablar con las personas que han estado en el centro de la decisión. Es decir, hablar con nuestro jefe, con el cliente… ¿es esto posible?

Sí, si como hemos visto en puntos anteriores no les culpamos como conspiradores (de lo contrario se nos notará en la actitud y así no) es perfectamente posible que pidamos explicaciones y nos den sus motivos. Quizá sus explicaciones no te convenzan pero ¿Qué más da? Tienes que aprender de los motivos que tienen esas personas para tomar sus decisiones, te gusten o no.

Busca siempre alguien que te de respuestas sinceras, no las que quieres escuchar. Es muy probable que por no ofenderte o simplemente porque es más cómodo esas personas terminen dándote explicaciones algo vagas y que no son del todo sinceras. Ten en cuenta que si alguien no percibe tu trabajo tan bien como tú es muy probable que no te lo diga sin más así que busca a personas en quien confíes.

Tienes que alejarte de tu propio problema (es difícil, lo sé) y llegar a verte como te ven los demás. Eso te ayudará mucho más de cara a futuras ocasiones que simplemente quedarte con tu versión y la de tus familiares.

Lidiar con el fracaso: Mirar hacia delante


No solo como terapia si no también como filosofía a la hora de afrontar un fracaso, pensar en el futuro te dejará ciertos aspectos muy claros.

En primer lugar como terapia. Porque aunque sea difícil pensar en el futuro nos hará ir tomando consciencia de un par de obviedades como que el mundo no acaba ahí o como que mañana tendrás nuevos retos y nuevas situaciones a las que enfrentarte.

En segundo lugar porque mañana hagas lo que hagas, vas a volver a trabajar y que lo mejor será vigilar tus pasos. Porque pensar en el futuro nos hace ser algo más estrategas, no cegarnos con el momento de frustración y pensar que es lo que nos conviene a largo plazo.

Para mirar hacia delante lo mejor es pensar un segundo de manera restrospectiva. ¿Qué te ha llevado hasta ahí? Y como dijimos en el post anterior, este análisis ha de estar exento de fantasmas y conspiraciones. Has de ser objetivo y frío para poder localizar los motivos que han desencadenado tu fracaso. ¿Por qué es tan importante? Muy sencillo, cuanto más profundo sea este análisis más claro tendrás lo que no ha de volver a repetirse, incluso en los motivos que no dependen de ti, que si bien no podrás cambiar al menos podrás identificar y anticipar.

La frustración pasa, el enfado pasa, lo que queda es tu puesto de trabajo y tus compañeros así que actúa pensando en lo segundo y no en lo primero, eso es mirar hacia delante.

Además intenta sacar provecho en un futuro de ese fracaso ¿Cómo? Si ha sido una decisión discutida el responsable intentará compensarte, no es que te deba nada pero si pensará que ha de complementar el vació que ha dejado ese fracaso para ti, así que aprovéchalo. Y lo mismo si es un fracaso con un cliente, lo primero que has de hacer es minimizarlo ¿Cómo? Crea un discurso convincente sobre los motivos del fracaso para que sirva de explicación tanto interna como externamente (en ocasiones serán discursos distintos pero no han de ser mentira)

Madreat Market


¡Vuelven nuestros fodtrucks favoritos!

Este mercado gastronómico tan a la moda vuelve a Azca y no va a dejar indiferente a nadie gracias a sus propuestas de perritos calientes y hamburguesas hasta bocadillos gourmet, tacos mexicanos y piadinas italianas, entre muchos otros platos.

Viernes 18, Sábado 19 y Domingo 20 desde las 12 podrás acceder y no olvides que hoy y mañana también podrás quedarte a cenar (el domingo a las 17 empiezan a marcharse los camiones gastronómicos.

Nos vemos allí probando estas propuestas y disfrutando del aire de Madrid.

Lidiar con el fracaso: Sin fantasmas


Es matemático, allá donde hay una persona que ha fracasado o que no ha conseguido los objetivos que esperaba hay una pequeña conspiración en contra suya por motivos extra profesionales. O eso dicen ellos, claro.

Esto pasa desde que éramos pequeños, no lidiamos bien con el fracaso y siempre recurrimos al típico: el profesor me tiene manía. 

Y claro que a veces pasa, a veces las personas nos tienen un odio personal que trasciende a lo profesional, pero no es lo más común. Lo más común es que seas incapaz de gestionar tu fracaso internamente y culpes a alguien externo de él.

En estos casos no nos paramos a pensar que lo que sucede es que nosotros nos creemos el mejor candidato pero eso no significa que siempre sea así. Y aunque así sea y la persona encargada se equivoque ¿Su equivocación supone una conspiración u odio personal?

Además este tipo de actitudes solo llevan a la auto indulgencia, a no buscar motivos de mejora ya que claro, la culpa es siempre de otros. En ese caso nosotros no tenemos nada que mejorar, no hemos hecho nada mal, lo hemos hecho todo perfecto pero es que hay una conspiración en contra nuestra.

Lo curioso es que solemos afirmarnos en estas posiciones cuando las contamos a un ser querido o a un compañero y claro, este está de acuerdo. Pero piensa, ¿qué te va a decir? La postura más cómoda es decirte, sí claro, esa otra persona es inutil, tú vales más.

Por favor, en tu próximo fracaso, aunque tengas motivos para pensar que lo es, aleja de tu mente todo lo que suene a conspiración. Piensa que hay cosas que puedes hacer mejor o que a veces la suerte tiene un papel determinante, pero sin fantasmas.

Lidiar con el fracaso: Tranquilidad


En primer lugar hemos de tener en cuenta que una situación de fracaso es siempre una situación crítica para nuestros nervios. No llegará nunca ese día en el que tras un fracaso reacciones con perfecta calma y sosiego.

Y como tenemos que contar con que nuestra reacción va a ser con los nervios alterados hemos de tenerlo en cuenta y anticiparnos. ¿Por qué?

Porque de esos segundos de reacción incorrecta podemos arrepentirnos durante meses ya que pongámonos en el supuesto de que acaban de denegarte un ascenso y tu reacción es hacer un par de comentarios hirientes sobre el criterio de selección y de paso, sobre la empresa o incluso sobre el candidato. Claro.

Pero luego llegas a casa y te das cuenta de lo siguiente: Un ascenso hubiese elevado tu posición y no conseguirlo te hubiese dejado donde estabas. Sin embargo gracias a tu actitud ahora estás en una situación peor de la que estabas antes de optar al ascenso. Tanto esfuerzo tirado por la borda….

Porque al día siguiente tienes que seguir trabajando con tu equipo y ese equipo va a saber (creeme) tu reacción del día anterior, es más, van a estar prestándote mucha atención para ver cómo estás gestionando la situación, puro morbo.

Ten en cuenta que nadie se tomará mal que digas: «Sí, estoy decepcionado, quería el puesto» ¿Qué tiene de mal0? Además, no tiene ningún sentido cuando nos empeñamos en hacer que parezca que no nos ha importado ¡No engañamos a nadie! Y este tipo de actitudes solo nos hace parecer «malos perdedores»

En definitiva, respira hondo y sé inteligente, sea cual sea la primera idea que aparece en tu cabeza, ignórala.