El arte de presentar: La regla de Guy Kawasaki


Existe una norma básica en toda presentación que se cumple a rajatabla en especial desde que todos tenemos un dispositivo móvil en el bolsillo: No vas a tener toda la atención todo el rato.

Por eso Guy Kawasaki creó la regla del 10 20 30. Es decir: 10 diapositivas, 20 minutos y 30 fuentes tipográficas distintas.

Es evidente que cada presentación requiere de particularidades en duración o tipo de documentos pero hay que quedarse con la parte clave de la ley de Kawasaki. Esta ley habla de dinamismo y metodología. Habla de mantener un equilibrio entre texto imágenes, número de diapositivas y duración.

El equilibrio es muy importante. Una presentación equilibrada es aquella que no está saturada de ningún elemento. Con esto conseguimos que nuestros interlocutores no sepan de ante mano qué es lo que va a salir. Si presentamos mil imágenes, nuestra audiencia mirará el móvil porque total, solo se van a perder una imagen más y lo mismo pasa con los textos o vídeos.

Un buen truco es presentar el texto en forma de bullet points. De esta manera la información se percibe más ordenadamente y además da la sensación de urgencia por leer a la audiencia.

Otro factor a tener en cuenta es el equilibrio. Montar una presentación equilibrada en tiempos supone que ordenes la información para que todas las diapositivas te ocupen el mismo tiempo. Imagina que tienes una diapositiva en la que tardas en explicar cuatro bullets cinco minutos, pues tu audiencia va a esperar que en la siguiente tardes exactamente lo mismo y va a pasar el primer minuto mirando el movil para luego leer lo que pone en los bullet. ¿Pero y si esta diapositiva dura solo un minuto? Pues perdiste su atención por completo.

Como hemos dicho antes la intención es mantener la atención de nuestra audiencia al 100% pero también tenemos que ser realistas y montar presentaciones desde la seguridad de que en el mejor de los casos tendremos un 95%.

 

El arte de presentar: Preguntas y respuestas


¿Cuando ha sido la última vez que levantaste la mano al final de una presentación para hacer una sugerencia o manifestar una duda? No, no es algo que hagamos muy a menudo. ¿Por qué?

Incluso la presentación más eficiente y mejor llevada puede llegar a este incómodo silencio final tras la pregunta de si alguien tiene dudas o algo que comentar. En ocasiones creemos al haber conseguido empatizar con el público y haber mantenido su atención ya tenemos su obediencia y que no nos dejarán tirados o tiradas en ese momento.

La realidad es que eso depende mucho de las personas. Hay gente que no tiene ningún reparo en preguntar y hay otras personas que necesitan un empujoncito. Obviamente si has creado un vínculo con la audiencia durante la presentación será mucho más fácil que ellos se vean con la confianza de preguntarte lo que sea. Mientras que si te ven como alguien frío o alejado es menos probable que se decidan por levantar la mano.

El truco más común es pedir que escriban las preguntas durante la presentación. Por ejemplo, pide una reflexión en medio de la presentación y pide que vayan pensando la respuesta porque al final lo preguntarás. Incluso puedes decir que la respuesta es muy complicada y que normalmente se equivocan y que esperas que alguien acierte.

Otra manera de romper el hielo es avisar que al final vas a hacer preguntas o ir haciendo preguntas a lo largo de la presentación. 

Estas preguntas pueden ser muy sencillas del tipo: que levante la mano quien… o a ver, por ejemplo tú… de esa manera creas un clima de conversación que te evitará el silencio final y además hará incrementar la atención sobre tu presentación por posibles preguntas que puedas hacer.

El arte de presentar: Sé creíble


No se trata de dar un espectáculo y ya está. No se trata de que tu audiencia o tus interlocutores se lo pasen bien ni suelten carcajadas o sonrían con tu fina ironía. No es el club de la comedia, estás presentando y has de resultar creíble.

Tenemos tanto miedo a resultar aburridos en nuestras presentaciones que confundimos el interés con la comedia o los chascarrillos.

Pero no debes contar chistes. Ya comentamos en post anteriores la importancia de contar historias que dejen un poso en la audiencia, que les hagan empatizar con las razones que expones. Pero un chiste no tiene sustancia, es divertimento por puro divertimento.

Es como si en medio de la presentación empezases a hacer malabares con un monociclo.

Estamos hartos de ver presentaciones que incluyen chascarrillos que hacen despertar a la audiencia. Bien: aquí tenemos un problema, si la audiencia se ha dormido es que lo que dices, el contenido de lo que presentas, no tiene interés. Y si cuentas un chiste y eso les hace levantar la cabeza es que quieren un monólogo de el club de la comedia gratuito, pero tú estás presentando para vender una idea, un proyecto.

Una broma solo consigue que parezcas gracioso y que el humor de los asistentes mejore. A menos que tu papel sea el de presentador de varios ponentes y tu única atención es que la audiencia no se canse y mantenga la atención, las risas del público no van a ayudarte.

Es común en algunos políticos por ejemplo el explotar su lado «más amable» pero porque ellos se venden a sí mismos como individuos y tú estás vendiendo un proyecto o una idea de la que tienes que convencer. Y la risa resulta amable y divertida pero no creíble.

El arte de presentar: Impresiona


Cuidado, impresionar no significa hacerlo de cualquier manera. Impresionar significa dejar huella en tu audiencia, hacer que te presten atención y en especial, que cuando te marches dejes a tu audiencia pensando en lo que has dicho.

El fin último de toda presentación es que tu mensaje cale. que lo que digas quede resonando en las cabezas de tu audiencia y que piensen sobre ello. Invitar a la reflexión o a sacar sus propias conclusiones también es una buena manera de impresionar. No todos los temas tienen una respuesta clara y a veces tenemos que guiar a la audiencia a través de determinadas preguntas y estímulos para que lleguen por si mismos a las conclusiones que nos interesan.

¿Cómo lograr impresionar? La clave está en la energía. A veces por nuestra forma de ser, otras porque no nos entusiasma el tema, otras porque hemos presentado lo mismo mil veces, no conseguimos imprimir a nuestro discurso la energía necesaria.

Sin energía no hay empatía, si a ti no te apasiona lo que dices no va a resultar muy atractivo para nadie. Muchos de los grandes expertos en presentaciones se mentalizan para salir motivados a presentar y tú a la escala que te corresponda deberías aprender esta técnica ya que hablar con pasión, moverte, gestualizar… son una ayuda muy importante.

Otro recurso muy conocido es llenar la presentación de estímulos. Imágenes, vídeos, sonidos, música, preguntas… cualquiera es bueno para aportar dinamismo y hacer que el ritmo sea alto, tanto en lo que dices como en cómo lo dices y en lo que acompaña a tu discurso.

¡Cines de verano!


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Quizá en invierno apetece meternos en casa y ponernos una película que ver arropados. Pero en verano… en verano apetece salir, sacar el coche, vivir al aire libre… Y eso no significa que tenga que dejar de apetecernos ver cine.

En Madrid hay infinidad de opciones en este sentido: Cines en los que podrás comer un helado o beber una copa, cines en pleno centro, cines en barrios más alejados, cines a los que ir con el coche, ciclos temáticos de cine al aire libre e incluso un festival.

En función del tipo de película que busques e incluso del barrio en el que vivas aquí tienes una amplia lista de cines a los que asistir con ese punto diferentes que da el verano: Cines de verano en Madrid.

El arte de presentar: Aporta


La manera de estar más seguro de lo que dices en una presentación es decir algo que ya han dicho otros o aportar datos objetivos. Pero entonces ¿Qué aportas tú?

No abuses de las estadísticas. Lo bueno que tienen las estadísticas es que aportan un punto de vista racional y demostrable que es ideal para refrendar algún razonamiento. En estos casos cuando estés exponiendo tu razonamiento emocional (para generar empatía, como hemos comentado anteriormente) la guinda del pastel perfecta es apoyarlo con un dato, para limar susceptibilidades.

Sin embargo basar todo tu razonamiento en estadísticas es un error. ¿Por qué? Porque desgraciadamente los números no emocionan y a menos que sean absolutamente innovadoras (que estés presentando números que nadie de la audiencia ha visto nunca y les estén dejando con la boca abierta) no tienes que usarlas en exceso o perderás la atención de tu público.

No abuses de las citas. Es una técnica muy común apoyar tu razonamiento en citas célebres. De esta manera estás diciendo que lo que tú dices ya lo ha dicho otro antes de otra manera, o que la emoción que pretendes transmitir llegará más a tu audiencia si la ven apadrinada por un personaje admirado y prestigioso.

Y en cierta medida tienes razón, lo que pasa es que las citas, al igual que las estadísticas, tienen que acompañar en momentos muy puntuales (incluso aparecer mucho menos que las estadísticas) pero no llevar el peso, ni mucho menos ser el peso principal de la presentación. ¿Por qué? Porque da la sensación de que tus argumentos no son tuyos y das la sensación de que eres un mero portavoz que no tiene ideas propias.

En cualquiera de los casos ten siempre presente que lo más importante a la hora de presentar es tener consciencia de qué aportas tú. Lo que tu aportes puede ir acompañado de los elementos que necesites para que calen como tú quieres, pero la clave y el peso ha de estar siempre en lo que tú estás aportando. Y tienes siempre que aportar algo distinto a lo que puede consultar cualquiera de las personas de tu público en google.

El arte de presentar: Conócete


Cuando estamos presentando en ocasiones los nervios hacen que no seamos del todo nosotros mismo, o que no tengamos una imagen fiel y real y cómo lo estamos haciendo.

Hay personas que tienen una imagen más real de si mismos que otras. algunas creen que lo han hecho mucho peor de lo que realmente lo han hecho y otras creen que lo han hecho mejor ¿Por qué pasa esto? Porque no se conocen lo suficiente a la hora de presente. ¿Cómo podemos llegar a tener una imagen objetiva de qué tal lo hacemos y en consecuencia, de qué podemos mejorar?

Podemos practicar. Practicar con alguien que nos de su visión o incluso practicar el discurso mil veces, cualquier discurso. No se trata de perfeccionar un discurso concreto si no de limar tus pequeños defectos: te mueves mucho, te mueves poco, miras todo el rato a la izquierda… esas pequeñas manías con las que nuestro cuerpo sobrelleva la tensión.

Otra manera de conocer tus defectos es tener experiencias anteriores en las que has buscado feedback o te han grabado. La experiencia es un grado, pero si de una experiencia sacas aprendizajes, son dos grados. Cuando hagas una presentación intenta ver las reacciones de la gente, quizá ese chiste que consideras que relaja no lo hace tanto.

Conocerte no supone solo ser consciente y mejorar tus defectos. También es explotar tus puntos fuertes. Si eres locuaz o te ganas al público con la naturalidad… varía tu forma de exponer para sacar el máximo partido a estas cualidades. Una vez más para conocerlas has de haber monitorizado de manera objetiva cómo lo haces.

En cualquier caso no hagas cambios drásticos en tu forma de presentar solo por tu propia opinión. Grábate, pide opinión, fíjate en las reacciones… Conócete a ti mismo a la hora de presentar no desde tu punto de vista si no desde el de los demás. 

 

El arte de presentar: ¡No leas!


Leer al presentar es como montar en bici con ruedines: Vas mucho más seguro, pero no impresionas a nadie ni tampoco llegas muy lejos.

El principal motivo por el cual se lee en las presentaciones es por ganar en seguridad. De hecho, todos hemos empezado leyendo al presentar en el colegio y según hemos ido ganando confianza y soltura hemos dejado de leer para presentar explicando, con naturalidad.

Entre los principales handicaps de leer las presentaciones encontramos los relacionados con la conexión que generamos con los interlocutores. El hecho de leer hace que no podamos mirar a las personas a las que nos dirigimos.

También mencionamos en la anterior entrada que nuestra presentación ganará en emocionalidad si el interlocutor cree que nos dirigimos a él, lo cual es casi imposible si leemos un texto escrito con anterioridad. Eso sin mencionar que cuando leemos un texto para presentarlo, tenemos toda nuestra atención puesta en ese guión. Por lo tanto, si en el transcurso de la presentación algo nos saca del guión, nos hacen una pregunta u ocurre algún imprevisto, nos costará reaccionar mucho más que si no estuviésemos atado a lo escrito en el papel o en la presentación.

Para no leer una presentación tienes que haberla preparado antes con mucha dedicación, esta dedicación es otro de los motivos a favor de no leer, ya que demuestra tu interes por la misma.

Si por algún motivo no has podido prepararla intenta leer solo los conceptos clave y seguir hablando mirando a los interlocutores el resto del tiempo. Aporta lo que sepas sobre el tema apartando la vista del papel siempre que puedas y si no queda más remedio, lleva un papel impreso (que te permita moverte y apartarlo de tu vista con más gestualidad) que darte la vuelta y mirar la presentación.

Mirar a la presentación y leerla es prácticamente un suicidio a la hora de conectar con tus interlocutores: No los miras, les das la espalda, no te mueves, no gesticulas y tu foco de voz está apuntando en dirección contraria.

El arte de presentar: La historia es la clave


Llega el momento de hacer tu presentación. A lo largo de la semana te daremos muchas claves pero queremos empezar por la que consideramos más importante: Qué vas a contar.

No nos referimos al tema sobre el cual vas a hablar, no. Nos referimos a la historia que va a haber detrás de ese argumento. 

Por bueno y tangible que sea tu argumento no creas que eso conforma «una narración que enganche».

Para entender el por qué es necesario contar una historia tenemos que entender la esencia misma de qué es lo que nos hace prestar atención a algo. Y la verdad es que lo que nos hace prestar atención son los espacios comunes, los emocionales en concreto.

Necesitamos empatizar con la historia que nos cuentan y para eso es necesario entrar en el terreno emocional. ¿Esto quiere decir que nos dejemos de datos y empecemos a contar historietas? No. Lo que quiere decir es que tenemos que apoyar nuestro discurso con una narración que haga que lo que estamos contando enlace con emociones comprensibles y fácilmente identificables para nuestro interlocutor.

¿Cómo? Cuentes lo que cuentes siempre estará ligado a una emoción. Lo que intentas transmitir en el fondo, lo que pretendes conseguir. Quieres que tu empresa crezca, que tu empresa reflexione y contemporice sus inversiones, que sean más innovadores, que abran la mente a algo que en un principio les parece imposible… Sea cual sea el input detrás de todo, tienes que encontrarlo y explotarlo a modo de historia o narración.

Que tus interlocutores sientan el peligro de no crecer ahora o que sientan el miedo de no abrirse a nuevas opciones de innovación en el momento adecuado.

Los veranos de la villa


No es ningún secreto que Madrid reduce drásticamente su población en verano, que muchos madrileños huyen del calor a climas más amables. Pero para los que se quedan… Llega una nueva edición de los veranos de la villa a la capital.

Este evento que desde hace años trae teatro, música, deportes, danza o circo a precios reducidos viene en 2016 con su edición más multitudinaria, la que más eventos presenta, más diversos y en más distritos.

El evento tuvo comienzo el 1 de julio con Los Enemigos en el Auditorio al aire libre Pilar García Peña del barrio de Hortaleza. Tras ellos se desplegará por toda la ciudad con artistas como Quique Gonzalez,  José Mercé, Diego El Cigala…

Puedes consultar toda la información aquí: Veranos de la villa